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Tu bolsillo y el PIB per cápita: ocho años sin avanzar

El PIB creció 0.8% en 2025; la población, 0.78%. El ingreso por habitante quedó en niveles de 2017 y la cuenta apenas empata.

Por admin 5 min de lectura

La economía mexicana creció el año pasado casi exactamente lo mismo que creció el número de mexicanos. El PIB avanzó 0.8% en 2025 y la población sumó poco más de un millón de personas hasta llegar a 134.4 millones de habitantes a mediados de 2026, según proyecciones del Consejo Nacional de Población. Es decir: el pastel creció, sí, pero llegaron a la mesa exactamente los mismos comensales adicionales que rebanadas nuevas. Resultado, el ingreso promedio por habitante se quedó en 192 mil 121 pesos, en niveles similares a los de 2017. Ocho años pedaleando en la bici fija.

El dato que incomoda no es el crecimiento, es la resta. El PIB per cápita registró una ligera contracción respecto al año previo: pasó de 192 mil 148 pesos en 2024 a 192 mil 121 en 2025. Veintisiete pesos menos por cabeza. Suena a nada —no alcanza ni para dos pasajes de Metrobús— y precisamente por eso importa: es la medida exacta de una economía que se movió lo suficiente para salir en la foto, pero no lo suficiente para cambiar el retrato. Y en 2026 el patrón amenaza con repetirse, aunque el arranque del año haya venido con música de estadio.

Porque el segundo trimestre trajo fiesta. La economía creció 1.5% trimestral entre abril y junio, su mayor ritmo desde el cuarto trimestre de 2020. El detalle está en de dónde salió el impulso: se estima que aproximadamente dos terceras partes del crecimiento trimestral se debió al efecto del Mundial y el resto a un rebote tras la contracción del primer trimestre. Traducido al idioma de la calle: fue el aguinaldo, no el aumento. Y los aguinaldos, por definición, se acaban.

¿Cuánto necesita crecer México para que el ciudadano promedio sienta algo en la cartera? La aritmética es brutal en su simpleza: si la población avanza 0.78% al año, todo crecimiento del PIB por debajo de esa cifra significa empobrecimiento por habitante. Los pronósticos para 2026 rondan el 1.2%. La diferencia —cuatro décimas— es el margen real de mejora. Eso es ruido estadístico, no recuperación. Y la desaceleración lleva rachas: 6.3% en 2021, 3.7% en 2022, 3.1% en 2023, 1.1% en 2024 y 0.8% en 2025, cuatro años consecutivos a la baja.

El mercado laboral cuenta la misma historia con otros números. En el primer semestre de 2026 se crearon 262 mil 628 empleos formales registrados ante el IMSS, y es el segundo acumulado más bajo para un primer semestre desde 2005, solo después de 2025, excluyendo la crisis financiera y la pandemia. Contrasta esa cifra con el millón de personas que se suman a la población cada año y el hueco se ve solo. La formalidad está construyendo una casa de dos recámaras para una familia que ya son ocho.

Ahí aparece la válvula de escape de siempre: la informalidad. Cerró 2025 en 55%, frente al 53.6% previo, y ese solo incremento se traduce en una caída de 0.52% en el PIB per cápita. Más de la mitad del país trabaja sin seguridad social, sin crédito, sin historial. No es que a México le sobre gente; es que la economía formal no sabe qué hacer con ella. Y el diagnóstico de fondo se conoce: el bajo dinamismo del empleo coincide con la debilidad de la inversión, que a marzo de 2026 acumuló 19 meses con contracciones anuales.

Hay una noticia que parece buena y no lo es tanto. El denominador de esta división —la población— se está apagando por su cuenta. La tasa global de fecundidad se proyecta en 1.84 hijos por mujer para 2026, contra 2.85 en el año 2000. Estamos por debajo del nivel de reemplazo. En una década, el crecimiento poblacional será casi nulo y el PIB per cápita “mejorará” sin que nadie gane un peso más. Es el falso alivio de la calculadora: subes el promedio quitando gente de la fila, no repartiendo más comida.

El problema es lo que viene con esa fila más corta. Las personas de 60 años y más ya representan 13.3% de la población, contra 11.2% en 2020 y 7.4% en el año 2000. Menos cotizantes sosteniendo más pensiones y más gasto en salud, en un país donde el 55% ni siquiera cotiza. El bono demográfico —esa ventana en la que un país tiene más trabajadores que dependientes— se está cerrando sin que México lo haya cobrado. Es como llegar al banco cinco minutos después de que bajaron la cortina.

¿Qué cambia en tu vida concreta? Tres cosas medibles. Primero, el salario: el salario base de cotización del IMSS alcanzó 669.1 pesos diarios en junio, con un crecimiento de 6.4%, por encima de la inflación —pero eso aplica solo a quienes están dentro del sistema formal, menos de la mitad. Segundo, el empleo: 14 entidades presentaron una disminución anual en el registro de puestos de trabajo ante el IMSS, con Guerrero como la mayor contracción, de 3.6% anual; si vives en una de ellas, el mercado local se está encogiendo mientras el nacional presume récords. Tercero, las fechas: el 24 de agosto el INEGI publica el dato definitivo del segundo trimestre, y el Censo 2025 recalibrará la población real. Si el conteo supera la proyección de CONAPO, el ingreso por habitante empeora hacia atrás, sin que nada haya cambiado en la calle.

Y ahí está el nudo que conviene llevarse a la sobremesa. México acaba de tener su mejor trimestre en más de cinco años y aun así el mexicano promedio gana lo que ganaba cuando el Metro todavía costaba cinco pesos. El Plan México se propuso colocar al país en el top 10 de economías del mundo; a un año del anuncio descendió del lugar 12 al 13, y el Banco Mundial estima que en 2026 Brasil crezca 2.0% frente al 1.3% de México. La pregunta para hacerle a quien tengas enfrente no es si la economía va bien. Es más incómoda: ¿tú ganas hoy más que en 2017, o solo trabajas más para ganar lo mismo?

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Redacción de Acción Informativa.

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