Hogar

¿De verdad hay que quitarse los zapatos al entrar a casa? Esto dice la ciencia

Por admin 7 min de lectura

Quitarse los zapatos antes de entrar a casa puede parecer una simple cuestión de orden, una costumbre familiar o incluso una tradición cultural. Sin embargo, esta práctica también tiene una explicación relacionada con la higiene del hogar: las suelas pueden recoger microorganismos, polvo, alérgenos y sustancias químicas presentes en calles, jardines, baños públicos y otros espacios, para después trasladarlos a los pisos y alfombras de la vivienda.

La medida no convierte una casa en un espacio libre de microorganismos ni elimina por completo los contaminantes que llegan desde el exterior. Lo que puede hacer es reducir una de las rutas por las que estos materiales ingresan al interior.

El motivo es sencillo. A lo largo del día, un par de zapatos puede recorrer calles, transporte público, comercios, hospitales, baños, parques y jardines. Incluso cuando las suelas parecen limpias, pueden acumular pequeñas cantidades de tierra, materia orgánica, polvo y diferentes compuestos presentes en las superficies que pisan.

Esto adquiere particular importancia en viviendas donde hay bebés, niños pequeños o mascotas, ya que suelen pasar más tiempo cerca del suelo y tienen mayor contacto con pisos, tapetes y alfombras.

Las suelas también pueden transportar químicos

Uno de los aspectos menos visibles de este problema son las sustancias químicas que pueden adherirse al calzado. Entre ellas están los PFAS, conocidos popularmente como “químicos eternos” debido a su gran persistencia en el ambiente.

De acuerdo con información citada por Time, estos compuestos pueden encontrarse en materiales presentes en las suelas, mientras que el calzado también puede transportar partículas de plomo y residuos de pesticidas procedentes del exterior.

El plomo merece especial atención debido a sus efectos sobre el organismo. El médico internista Daniel Sullivan, de Cleveland Clinic, explicó que este metal pesado puede afectar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos. La exposición resulta particularmente preocupante durante la infancia, cuando los niños suelen jugar en el suelo y llevarse las manos a la boca.

El problema no necesariamente comienza dentro de la vivienda. El polvo contaminado puede adherirse al calzado y posteriormente terminar en los pisos interiores, donde puede permanecer durante periodos prolongados.

Un estudio publicado en Environmental Science & Technology, que analizó datos del programa DustSafe recopilados en 35 países, encontró arsénico, cromo y níquel en muestras de polvo doméstico. La investigación también identificó una relación entre la antigüedad de las viviendas y mayores concentraciones de plomo y arsénico en el polvo interior.

El acceso a jardines apareció además asociado con niveles más elevados de algunos de estos elementos, lo que apunta a la posibilidad de que parte de la tierra y el polvo procedentes del exterior terminen dentro de las viviendas.

Los productos utilizados para mantener áreas verdes también pueden contribuir. Fertilizantes, insecticidas y pesticidas pueden quedar adheridos a las suelas después de caminar por determinados espacios, incluso cuando esos productos no fueron utilizados directamente dentro del hogar.

El polen es otro visitante involuntario. Las partículas procedentes de árboles, césped y malezas pueden depositarse en el calzado y posteriormente dispersarse en las superficies interiores, algo que puede resultar especialmente relevante para las personas con alergias.

¿Cuántas bacterias pueden llegar al piso?

Los microorganismos constituyen otro de los motivos por los que los especialistas recomiendan prestar atención al calzado que entra a casa.

Una de las bacterias detectadas con mayor frecuencia en investigaciones sobre las suelas es Escherichia coli, un microorganismo asociado con materia fecal. El microbiólogo Charles Gerba, de la Universidad de Arizona, señaló a Time que cerca de 80 % de las suelas analizadas contenía bacterias fecales.

Estas bacterias pueden proceder de diferentes fuentes, desde baños públicos hasta superficies exteriores contaminadas por materia fecal de perros y aves.

Otro microorganismo identificado en investigaciones sobre el calzado es Clostridioides difficile. De acuerdo con los datos citados por Time, investigadores de la Universidad de Houston encontraron esta bacteria en alrededor de 40 % de los zapatos examinados.

Estos resultados no significan que caminar con zapatos dentro de casa vaya a provocar automáticamente una infección. La presencia de una bacteria en una suela tampoco equivale necesariamente a una enfermedad. Para que ocurra una infección intervienen otros factores, como la cantidad del microorganismo, la vía de exposición y la susceptibilidad de la persona.

Lo que sí muestran estos estudios es que los microorganismos pueden viajar en las suelas y transferirse a superficies interiores.

Las alfombras pueden convertirse en reservorios

El tipo de piso también puede influir en la manera en que se acumula este material. Las alfombras y otros revestimientos textiles pueden retener polvo, partículas y microorganismos durante más tiempo que algunas superficies lisas.

Alessandra Leri, profesora de química y biología de la Universidad Northeastern, dirigió una investigación publicada en 2023 que analizó muestras de charcos, suelas y pisos en un edificio universitario.

El estudio encontró bacterias intestinales en los tres ambientes y observó una mayor contaminación en las zonas alfombradas. Leri explicó a Time que este tipo de revestimiento puede funcionar como un reservorio de bacterias, debido a su capacidad para retener material procedente del entorno.

Por eso, la zona cercana a la puerta puede convertirse en uno de los puntos con mayor carga de contaminantes en las viviendas donde las personas entran regularmente con los zapatos puestos.

La solución, sin embargo, no requiere convertir la entrada de casa en una zona de descontaminación. Algunas medidas sencillas pueden reducir la cantidad de material que llega al interior.

Una de ellas es establecer un lugar específico para dejar el calzado cerca de la entrada. También puede utilizarse un felpudo y mantener una rutina de limpieza de los pisos, especialmente en las áreas donde existe mayor tránsito.

La limpieza húmeda puede ayudar a retirar el polvo en lugar de simplemente levantarlo y redistribuirlo en el ambiente. En hogares con bebés, niños pequeños o animales que permanecen frecuentemente en el suelo, mantener limpias estas superficies adquiere todavía mayor importancia.

¿Hay que caminar descalzo dentro de casa?

No necesariamente. Quitarse los zapatos de la calle no significa que todas las personas deban permanecer descalzas.

Para quienes necesitan soporte, estabilidad o tracción por motivos de salud, Sullivan plantea una alternativa práctica: contar con un par de zapatos reservado exclusivamente para utilizar dentro de la vivienda.

De esta manera se puede evitar que las suelas que estuvieron en contacto con calles, jardines o espacios públicos entren en las áreas interiores, sin sacrificar el apoyo que determinadas personas necesitan para desplazarse con seguridad.

En realidad, el objetivo de esta costumbre no es conseguir un hogar completamente libre de bacterias. Eso sería prácticamente imposible y tampoco sería necesario. Se trata de reducir la cantidad de contaminantes que ingresan por una vía que sí puede controlarse con relativa facilidad.

La evidencia disponible permite entender por qué una costumbre que en muchos hogares comenzó como una cuestión cultural o de limpieza cotidiana también puede tener una dimensión sanitaria. Dejar el calzado en la entrada disminuye el contacto entre las superficies exteriores y los pisos interiores y, con ello, puede limitar el traslado de microorganismos, polen, polvo y determinadas sustancias químicas.

En especial cuando en casa viven niños pequeños o mascotas, convertir la entrada en una zona para dejar los zapatos puede ser una medida sencilla dentro de una estrategia más amplia de higiene doméstica. No elimina todos los riesgos, pero sí ayuda a mantener fuera parte de lo que las suelas recogen durante el día.

Comparte esta nota: Facebook X WhatsApp Email
admin

Redacción de Acción Informativa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *