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Apuestas universitarias: el juego se vincula con más depresión, ansiedad y consumo de sustancias

Por admin 7 min de lectura

Las apuestas deportivas y el juego en línea se han convertido en una presencia cada vez más habitual entre los jóvenes adultos, y las universidades enfrentan un desafío que va mucho más allá de las pérdidas económicas. Una nueva investigación encontró que los estudiantes que apostaban con mayor frecuencia también tenían más probabilidades de presentar depresión, ansiedad y consumo de sustancias, aunque los investigadores advierten que todavía no está claro si el juego provoca estos problemas o si determinadas dificultades de salud mental pueden aumentar la vulnerabilidad frente a las apuestas.

El estudio fue publicado en el International Journal of Mental Health and Addiction y analizó las respuestas de más de mil 800 estudiantes de las ocho universidades públicas de Mississippi. La encuesta se realizó en 2021, durante la pandemia de COVID-19, cuando los casinos físicos enfrentaban cierres y restricciones, pero las opciones de apuestas digitales ya comenzaban a adquirir una presencia importante.

Los resultados muestran que aproximadamente uno de cada cuatro estudiantes, el 24%, había apostado durante el año anterior, mientras que cerca del 7% presentaba señales compatibles con problemas de juego.

Para los investigadores, estas cifras resultan especialmente relevantes debido a que los estudiantes universitarios se encuentran en una etapa de transición hacia la vida adulta en la que pueden coincidir cambios económicos, presión académica, nuevas relaciones sociales, consumo de alcohol y otras sustancias, además de un acceso prácticamente permanente a las plataformas digitales.

El juego aparece junto con otros problemas de salud mental

Uno de los hallazgos más importantes fue que los estudiantes que apostaban más no necesariamente eran los únicos que presentaban dificultades emocionales. La muestra completa ya registraba niveles elevados de ansiedad, depresión y consumo de sustancias.

Sin embargo, quienes mostraban mayor involucramiento con las apuestas tendían a experimentar niveles más altos de estos problemas.

Nicholas McAfee, director del William Magee Center for AOD and Wellness Education de la Universidad de Mississippi y autor principal de la investigación, explicó que el resultado llamó la atención precisamente porque las preocupaciones relacionadas con la salud mental eran muy frecuentes entre los participantes, pero los estudiantes con mayores niveles de juego presentaban todavía más problemas.

La pandemia también constituye un contexto importante para interpretar los resultados. En 2021, muchos jóvenes experimentaban aislamiento social, incertidumbre, cambios en sus rutinas y dificultades relacionadas con sus estudios. Los investigadores consideran que estas circunstancias pudieron influir en los comportamientos observados.

Las apuestas deportivas están cada vez más cerca de los estudiantes

El crecimiento de las apuestas deportivas en Estados Unidos ha modificado el entorno en el que viven los universitarios. Según los investigadores, las apuestas deportivas presenciales o en línea ya se encuentran legalizadas en 38 estados, y 30 de ellos permiten las apuestas por internet.

La diferencia respecto a generaciones anteriores es el acceso. Apostar ya no requiere necesariamente acudir a un casino o a un establecimiento especializado. Un teléfono celular puede convertirse en una puerta de entrada a plataformas de apuestas deportivas y otros mercados digitales.

Esto puede hacer que el juego pase de ser una actividad ocasional a formar parte de la rutina cotidiana. Una persona puede apostar antes de un partido, durante el encuentro o incluso realizar múltiples apuestas pequeñas a lo largo de una jornada.

Para los jóvenes universitarios, además, las apuestas pueden integrarse con facilidad a conversaciones, reuniones y actividades relacionadas con el deporte.

Alcohol, apuestas y vida social pueden formar una combinación de riesgo

Los investigadores plantean que el problema no necesariamente puede explicarse por el juego de manera aislada. Una posibilidad es que determinadas situaciones sociales reúnan simultáneamente apuestas deportivas, consumo de alcohol y otras sustancias, creando un entorno en el que aumentan varios factores de riesgo al mismo tiempo.

McAfee señaló que muchas reuniones sociales pueden girar alrededor de ver deportes mientras se consume alcohol y se apuesta. Esa combinación podría favorecer decisiones impulsivas y dificultar que una persona reconozca cuándo una actividad recreativa comienza a convertirse en un comportamiento problemático.

Por eso, una de las siguientes líneas de investigación será estudiar cómo interactúan estos comportamientos y si se refuerzan mutuamente.

No se trata solamente de determinar cuántos estudiantes apuestan, sino de comprender en qué circunstancias lo hacen, con qué frecuencia, cuánto dinero destinan y qué papel tienen el alcohol, otras sustancias y la salud mental en ese comportamiento.

¿El juego provoca ansiedad y depresión o sucede al revés?

Esta es una de las preguntas centrales que el estudio todavía no puede responder.

Rory Pfund, profesor asociado de psiquiatría de la Universidad de Tennessee e investigador principal del trabajo, explicó que aún es necesario determinar si las apuestas contribuyen al desarrollo o empeoramiento de determinados problemas de salud mental o si, por el contrario, quienes ya experimentan ansiedad, depresión u otras dificultades tienen mayor probabilidad de desarrollar problemas relacionados con el juego.

También podría existir una relación bidireccional: una persona puede comenzar a apostar como una forma de entretenimiento o escape emocional, desarrollar posteriormente dificultades relacionadas con el juego y experimentar a su vez más ansiedad, estrés o síntomas depresivos debido a las consecuencias de apostar.

Para aclarar esta relación serían necesarios estudios que sigan a los estudiantes durante periodos prolongados y permitan observar cómo cambian sus comportamientos y su salud mental con el paso del tiempo.

Las señales de alerta pueden aparecer en la vida cotidiana

Los especialistas consideran importante que familiares, profesores y autoridades universitarias aprendan a identificar cambios que puedan indicar que las apuestas están dejando de ser una actividad recreativa.

Uno de los signos puede ser que el juego se convierta en el centro de las conversaciones o de la vida cotidiana. Otro puede ser el aislamiento de los grupos de amigos, cambios importantes en el estado de ánimo o una modificación evidente de la conducta social.

También puede ser preocupante que una persona comience a dedicar cada vez más tiempo a seguir resultados deportivos, revisar cuotas o pensar en recuperar dinero perdido.

El problema puede resultar difícil de detectar porque las apuestas deportivas se han normalizado en numerosos entornos y con frecuencia aparecen asociadas a actividades sociales aparentemente inofensivas.

El estigma también puede retrasar la búsqueda de ayuda

A los investigadores les preocupa además que las personas con problemas de juego puedan tardar demasiado en pedir ayuda. Aunque el estigma relacionado con la salud mental ha disminuido en algunos sectores, el juego problemático todavía puede generar vergüenza y ocultamiento.

Una persona puede evitar contar cuánto dinero está apostando, negar que ha perdido el control o intentar resolver las consecuencias por su cuenta. Ese silencio puede permitir que el problema se vuelva más grave antes de recibir atención.

Por ello, los investigadores consideran importante que las universidades no se limiten a ofrecer servicios generales de salud mental, sino que también cuenten con recursos específicos para detectar y atender problemas relacionados con las apuestas.

El estudio deja una advertencia especialmente relevante en un momento en que las apuestas digitales se integran cada vez más en la vida cotidiana: para algunos estudiantes, lo que comienza como una apuesta entre amigos o una pequeña cantidad de dinero en un partido puede convertirse gradualmente en un comportamiento difícil de controlar.

La investigación todavía no demuestra una relación causal entre el juego y los problemas de salud mental, pero sí señala una asociación que merece atención. En un entorno universitario donde las apuestas deportivas están cada vez más disponibles, reconocer las señales de alerta y hablar del problema sin estigmas puede ser una de las primeras herramientas para evitar que una actividad recreativa termine afectando la salud emocional, las relaciones sociales y la vida académica.

 

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Redacción de Acción Informativa.

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