Estilo de Vida

19 minutos más de sueño pueden mejorar tus calificaciones

Dormir apenas unos minutos más cada noche mejoró el rendimiento de universitarios. La clave podría estar antes de abrir los apuntes.

Por admin 5 min de lectura

Dormir mejor podría convertirse en una herramienta académica tan concreta como organizar los apuntes o preparar un calendario de estudio. Un experimento realizado con más de 1,100 universitarios en Estados Unidos encontró que modificar deliberadamente sus hábitos de sueño aumentó el tiempo que descansaban y también mejoró sus calificaciones finales. El resultado abre una ventana de esperanza para quienes llevan semestres negociando con el despertador.

La investigación, elaborada por Osea Giuntella, Silvia Saccardo y Sally Sadoff y publicada en Journal of Political Economy, puso a prueba algo más complicado que recomendar a los estudiantes que se acostaran temprano. Los investigadores utilizaron recordatorios personalizados antes de dormir, retroalimentación por las mañanas e incentivos inmediatos para quienes alcanzaran por lo menos siete horas de sueño durante las noches entre semana. Ahí comenzó a moverse el reloj.

Antes de las intervenciones, los participantes dormían alrededor de 6.6 horas por noche, una duración inferior a las siete horas que suelen recomendarse como mínimo para adultos jóvenes. Cerca de la mitad acostumbraba irse a dormir después de la una de la mañana y una parte importante prolongaba todavía más la jornada nocturna. Una escena conocida en cualquier campus: café, pantalla encendida, apuntes abiertos y la promesa de “nomás otro ratito”.

El tratamiento principal consiguió aumentar en aproximadamente 19 minutos por noche el sueño promedio durante las cuatro semanas en que estuvo activo. Además, la proporción de noches laborales en las que los estudiantes alcanzaron siete horas o más de descanso creció 26%. No parece una revolución cuando se mira el reloj, pero en términos académicos esos minutos comenzaron a dejar huella.

Los investigadores encontraron que quienes recibieron el tratamiento mejoraron en promedio entre 0.075 y 0.089 puntos sus calificaciones de los cursos durante el semestre, equivalente a un incremento aproximado de entre 0.10 y 0.11 desviaciones estándar en desempeño académico. El cambio fue medible pese a que la intervención no consistió en aumentar horas de estudio, contratar tutores ni modificar las clases. Solamente tocó una pieza que muchas veces sacrificamos primero: dormir.

¿Vale entonces más media hora adicional de estudio a medianoche que media hora adicional de sueño? El trabajo no permite responder esa pregunta de manera universal, pero sí aporta evidencia experimental de que extender el descanso puede mejorar los resultados educativos. Desvelarse para exprimirle las últimas páginas al libro podría ser como querer cargar el celular hasta 100% mientras uno mismo llega al examen con la batería en rojo.

Otro hallazgo llamó la atención. Una vez terminados los incentivos, parte del efecto sobrevivió. Los estudiantes continuaron durmiendo alrededor de ocho minutos adicionales por noche durante el periodo posterior observado por los investigadores. Eso apunta a que determinadas intervenciones pueden ayudar a modificar hábitos, aunque los autores encontraron que los efectos posteriores no fueron iguales entre los diferentes mecanismos utilizados.

El dinero tampoco fue el único ingrediente. La intervención principal combinó incentivos inmediatos con avisos personalizados a la hora de acostarse y retroalimentación matutina. Los premios inmediatos tuvieron mayor efecto mientras estaban disponibles que los incentivos retrasados o los simples recordatorios, aunque después de retirar el tratamiento las diferencias entre ellos dejaron de ser claramente distinguibles. La lección, entonces, no es pagarle a alguien para dormir, sino entender cómo se construye un hábito cotidiano.

Para cualquier estudiante mexicano, el hallazgo tiene una aplicación bastante sencilla. Establecer una hora relativamente constante para acostarse, reservar al menos siete horas para dormir y evitar que el estudio nocturno se convierta automáticamente en madrugada pueden ser medidas compatibles con lo observado en el experimento. No se necesita convertir el dormitorio en laboratorio; primero hay que darle espacio al sueño en la agenda.

También conviene diferenciar tiempo en cama de sueño efectivo. Meterse entre las cobijas a las once mientras el celular sigue iluminando la cara hasta la una no equivale a dormir dos horas más. Una rutina nocturna puede comenzar reduciendo actividades que retrasan innecesariamente la hora de dormir, fijando una alarma no solamente para despertar sino también para comenzar a desconectarse y procurando horarios relativamente consistentes.

Eso tampoco significa que dormir más sustituya estudiar. El desempeño académico depende de múltiples factores: preparación previa, asistencia, calidad educativa, métodos de aprendizaje, situación económica, salud y condiciones personales, entre otros. El estudio identifica una pieza dentro de ese rompecabezas y demuestra experimentalmente que mover esa pieza puede producir cambios observables.

El hallazgo también puede interesar a universidades. Programas de orientación normalmente hablan de técnicas de estudio, tutorías, manejo del tiempo y prevención del abandono escolar, mientras el sueño suele aparecer como recomendación secundaria. La investigación plantea que intervenciones relativamente sencillas relacionadas con hábitos nocturnos podrían incorporarse a las estrategias para mejorar el desempeño académico. El salón de clases, visto así, empieza varias horas antes de que llegue el profesor.

Hay además una diferencia entre una noche complicada y vivir permanentemente con sueño insuficiente. Pasarse una madrugada preparando una entrega puede ocurrir; convertirlo en rutina significa llegar una y otra vez a clases con menos descanso disponible para enfrentar una jornada que exige atención, memoria y toma de decisiones. La cuenta se va acumulando aunque uno crea que el café lleva el marcador.

El dato final cabe en cualquier conversación universitaria: 19 minutos adicionales de sueño promedio fueron suficientes para que una intervención produjera una mejora estadísticamente detectable en las calificaciones. Tal vez la próxima vez que alguien diga “hoy no duermo porque mañana tengo examen”, valga la pena hacerle una pregunta sencilla: ¿y si estudiar un poco menos tarde y dormir un poco más termina ayudándote a sacar una mejor nota?

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Redacción de Acción Informativa.

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