Violencia no cede en Oaxaca: tres muertos en fiesta y periodista crítico asesinado
Un comando mató a tres personas en una fiesta de Zanatepec. Semanas antes asesinaron al periodista Alejandro Leyva. El discurso oficial de seguridad choca con los hechos.
El viernes 14 de agosto de 2026 un grupo armado irrumpió en el salón de eventos Baby O, en Santo Domingo Zanatepec, región del Istmo de Tehuantepec. Dispararon contra los asistentes de una fiesta. Tres hombres murieron y un músico resultó herido. Los agresores llegaron en camioneta, abrieron fuego y escaparon. La Fiscalía General del Estado de Oaxaca confirmó los hechos e inició investigación. No hay detenidos.
El mismo día se registró otro ataque armado en San Pedro Amuzgos, en la Sierra Sur, con tres personas ejecutadas. En total, seis asesinados en pocas horas.
Estos hechos se suman a un patrón de violencia selectiva que no se limita al Istmo. El 22 de julio pasado, en San Pablo Etla, a las afueras de la capital, fue asesinado el periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar, conocido como “El Moscardón”. Dos sujetos en motocicleta le dispararon por la espalda mientras desayunaba en un puesto callejero. Leyva, de 60 años, había sido director de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión y escribía una columna crítica del gobierno de Salomón Jara Cruz. Había denunciado amenazas de muerte y hostigamiento. Fue el séptimo periodista asesinado en México en 2026.
El gobernador condenó el crimen de Leyva y reconoció que se trataba de un periodista crítico de su administración. Pidió colaboración con la Fiscalía General de la República. Hasta ahora no hay responsables detenidos.
Mientras tanto, el discurso oficial sostiene que Oaxaca se ubica entre las entidades más seguras del país, con reducción de incidencia delictiva y operativos permanentes en el Istmo. Las cifras y los hechos recientes —ataques a fiestas, ejecuciones en vía pública y el asesinato de un comunicador que cuestionaba al poder— muestran otra cara.
La violencia no es generalizada en todo el estado, pero se concentra con fuerza en el Istmo y la Costa, zonas donde operan células delictivas, se disputa el control territorial y el cobro de piso sigue activo. Los operativos se anuncian, las detenciones se reportan, pero los comandos siguen llegando a salones de fiestas y a puestos de comida.
En Oaxaca, el poder sigue repitiendo que todo está bajo control. Los muertos de Zanatepec y el periodista Leyva demuestran que la distancia entre el discurso y la realidad sigue siendo amplia.
Deja un comentario