Miles mueren en México tras ausencias que nadie denunció
Entre 2 mil 500 y 6 mil 800 personas son asesinadas al año tras desapariciones que jamás se reportaron.
Diez hombres dejaron de contestar el teléfono entre el jueves 16 y el sábado 18 de julio en Zacatecas. Cuatro perdieron contacto con sus familias el jueves, cinco el viernes, uno el sábado. Ese mismo sábado aparecieron sus cuerpos en los municipios de Morelos, Pánuco y Sain Alto. Ninguna autoridad recibió una sola denuncia formal en esas 48 horas.
El gobernador del estado lo planteó como reproche público: no hubo ni una denuncia, ni de amigos, ni de la familia, pese a que en algunos casos habían transcurrido dos días. Su secretario de Seguridad añadió que la ausencia de reportes impidió movilizar tropas con oportunidad.
El dato existe y es verificable. La conclusión que se extrajo de él, no.
Porque las familias sí buscaron. Uno de los desaparecidos, un líder ganadero visto por última vez el 17 de julio en la comunidad de Canoas, municipio de Jiménez del Teul, fue reportado en boletines que sus familiares difundieron por redes sociales durante todo el fin de semana. Su fotografía circuló ampliamente. Lo que no hubo fue expediente.
No fue silencio. Fue elección de canal. Y esa elección tiene una medición nacional.
La Encuesta Nacional de Victimización estima que 93.2 por ciento de los delitos cometidos en México no se denuncia o no deriva en carpeta de investigación. De cada mil delitos, 932 nunca son tocados por la autoridad. El porcentaje regresó a los niveles de 2021, tras años de estancamiento.
El incentivo está documentado con la misma precisión. De los delitos en que sí se inicia una investigación, el resultado es positivo para el denunciante en 12.6 por ciento de los casos. Trasladado al total de delitos cometidos, eso equivale a ocho de cada mil. Denunciar en México cuesta horas de fila, expone a la víctima y rinde menos del uno por ciento.
Hay más. Mientras la incidencia registrada baja, la victimización real sube. Durante 2024 se estimaron 23.1 millones de personas víctimas de algún delito, una tasa de 24 mil 135 por cada cien mil habitantes, estadísticamente superior a los 21.9 millones y 23 mil 323 del año previo. Más víctimas, menos denuncias, menos carpetas, menos “incidencia delictiva”. La aritmética se sostiene sola.
Aplicado a la violencia letal, el efecto se puede acotar. México no mide la variable “homicidio precedido de privación de la libertad” —ese vacío es en sí mismo un hallazgo—, pero los rangos se pueden construir. Contra 18 mil 140 homicidios dolosos que implica el promedio oficial de 2026, y bajo escenarios de entre 15 y 40 por ciento de casos con ventana de ausencia previa, corregidos por la cifra negra nacional, el universo se ubica entre dos mil 536 y seis mil 763 personas al año.
En el escenario intermedio: uno de cada cuatro asesinados en México pasó antes por un levantón que nadie reportó.
El registro formal apenas los alcanza. Durante el primer semestre de 2026 se acumularon 11 mil 746 reportes de personas desaparecidas y no localizadas; seis mil 978 fueron localizadas, seis mil 544 con vida y 434 sin vida. Esas 434 representan el 4.8 por ciento de los homicidios dolosos del mismo periodo. El 95.2 por ciento restante de los asesinados nunca pasó por el registro de desaparecidos. Por cada persona contabilizada como desaparecida localizada sin vida, hay entre tres y ocho que recorrieron el mismo camino sin dejar rastro administrativo.
Los diez de Zacatecas pertenecen a esa mayoría invisible. Si sus cuerpos no hubieran aparecido, no estarían en la estadística de homicidios ni en la de desapariciones. Serían cero en ambos registros.
El fenómeno tiene un depósito físico. El registro nacional acumula 135 mil 48 personas desaparecidas al 16 de junio de 2026, con 58 por ciento de los casos concentrados desde 2018. En paralelo, organismos internacionales estiman alrededor de 72 mil restos humanos sin identificar bajo resguardo del Estado, distribuidos en servicios forenses, fosas comunes y panteones ministeriales, además de más de cuatro mil 500 fosas clandestinas documentadas. Más de la mitad del universo de desaparecidos cabría, físicamente, en las instalaciones de las propias autoridades.
Sin nombre no hay carpeta. Sin carpeta no hay homicidio. Sin homicidio no hay estadística.
Las cifras estatales agregan una capa de sospecha. Mientras 28 de 32 entidades registraron incrementos en desapariciones entre 2025 y 2026 —Campeche con 59 por ciento y Guanajuato con 54 a la cabeza—, dos estados presentaron caídas que ninguna autoridad ha explicado: Jalisco con dos mil 522 casos menos y Tabasco con mil 410 menos. Eso no describe una reducción de violencia. Describe una depuración de registro.
La pregunta que ninguna conferencia de prensa ha resuelto no es por qué la gente no denuncia. Es qué ha hecho el Estado para que denunciar deje de ser inútil, antes de reprochar que no se denuncie.
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