Los arrecifes de coral pierden terreno, pero aún pueden recuperarse: la ciencia pide actuar antes de que sea demasiado tarde
Los arrecifes de coral atraviesan una de las etapas más difíciles de su historia reciente. En las últimas cuatro décadas, el planeta ha perdido 9.5% de su masa de coral, principalmente como consecuencia del aumento de la temperatura de los océanos y de los episodios cada vez más frecuentes de blanqueamiento masivo.
Sin embargo, el panorama no es completamente irreversible. Un nuevo informe internacional concluye que los arrecifes todavía conservan su capacidad natural de regeneración, siempre que las temperaturas del mar dejen de aumentar a un ritmo tan acelerado y que, al mismo tiempo, se reduzcan otras presiones provocadas por la actividad humana.
La conclusión forma parte del informe “Estatus de los arrecifes de coral del mundo: 2025”, elaborado por la Red Mundial de Monitoreo de Arrecifes de Coral (GCRMN, por sus siglas en inglés). Se trata del análisis más amplio realizado hasta ahora sobre estos ecosistemas, con 21.1 millones de observaciones recopiladas en más de 36 mil sitios de 120 países.
Los datos muestran una situación preocupante, pero también una señal de esperanza: cuando los corales disponen de suficiente tiempo entre un episodio de estrés térmico y otro, pueden volver a crecer.
El problema no es solo el calentamiento, sino la frecuencia de los blanqueamientos
Los corales son organismos particularmente sensibles a los cambios de temperatura. Cuando el agua del mar se calienta por encima de los niveles que pueden tolerar, sufren estrés y expulsan las algas microscópicas que viven en sus tejidos y que les proporcionan buena parte de su energía y color.
Este fenómeno se conoce como blanqueamiento coralino. Si el estrés térmico es prolongado o demasiado intenso, los corales pueden morir.
El problema que identifica el nuevo informe es que estos episodios están ocurriendo con mayor frecuencia. Desde 2010, los eventos de blanqueamiento masivo se han convertido en una amenaza recurrente para diferentes regiones del planeta.
La Gran Barrera de Coral de Australia, por ejemplo, ha experimentado cinco episodios de blanqueamiento masivo durante la última década. También se han registrado impactos severos en el Sudeste Asiático y, entre 2023 y 2024, temperaturas oceánicas excepcionalmente elevadas afectaron a Florida y el Caribe.
Para los arrecifes, el problema es que necesitan tiempo para recuperarse. Si las olas de calor marinas se suceden antes de que el ecosistema consiga reconstruirse, el deterioro comienza a acumularse.
Es precisamente esta sucesión de golpes la que preocupa a los investigadores.
Todavía no hemos llegado a un punto de no retorno
A pesar de las pérdidas registradas, los científicos encontraron señales que indican que los arrecifes no han perdido completamente su capacidad de recuperación.
El doctor Manuel González Rivero, autor principal del informe, explicó a EFE que los datos muestran que los ecosistemas coralinos todavía pueden regenerarse cuando encuentran periodos suficientemente largos sin estrés térmico extremo.
El investigador describió la evolución como una especie de “escalera de degradación”, en la que cada nuevo episodio de blanqueamiento puede llevar al arrecife a un nivel inferior de salud. No obstante, cuando existe una ventana de recuperación entre un evento y el siguiente, los corales pueden volver a ocupar parte del espacio perdido.
Un ejemplo especialmente revelador ocurrió entre 2017 y 2019. Después del gran episodio de blanqueamiento registrado entre 2014 y 2017, la superficie mundial de coral duro vivo aumentó aproximadamente 6%.
Ese repunte demuestra que el deterioro no necesariamente implica una desaparición definitiva. El coral puede recuperarse cuando las condiciones ambientales lo permiten.
La gran pregunta, por tanto, no es únicamente cuánto coral se ha perdido, sino si los arrecifes tendrán suficiente tiempo para recuperarse antes del siguiente episodio de calor extremo.
El Caribe y el golfo Pérsico están entre las regiones más afectadas
La situación tampoco es igual en todos los océanos. El informe revela diferencias importantes entre las regiones analizadas.
El descenso más pronunciado en la superficie de coral duro vivo se registró en el golfo Pérsico, con una reducción de 48.7%, mientras que el Caribe perdió 43.4%. También se observaron disminuciones importantes en el Pacífico, con 18.3%, y Australia, con 10.9%.
Estas cifras reflejan la enorme presión que soportan algunos de los ecosistemas coralinos más importantes del planeta.
Pero existen regiones que muestran un comportamiento diferente. Los mares del este de Asia, el Pacífico Tropical Oriental, Brasil y el mar Rojo y el golfo de Adén se mantienen relativamente estables.
Más llamativo aún es que algunas zonas han registrado incrementos en su masa de coral. El océano Índico Occidental presentó un aumento de 43%, mientras que el sur de Asia registró un crecimiento de 16.2%.
Estos contrastes son importantes porque muestran que la respuesta de los arrecifes ante el cambio ambiental no es uniforme. Las condiciones locales, la calidad del agua, la presión pesquera y las características de cada ecosistema pueden influir en su capacidad para resistir y recuperarse.
Las macroalgas también están ganando espacio
El deterioro de los corales tiene otra consecuencia: cuando los organismos coralinos mueren, las superficies que dejan libres pueden ser ocupadas por macroalgas.
El informe encontró que la presencia de estas algas aumentó 45% durante las últimas cuatro décadas.
Las macroalgas pueden competir con los corales por espacio y recursos, dificultando la recuperación del arrecife. Sin embargo, los datos todavía ofrecen un elemento positivo: actualmente cubren alrededor de 6.8% del fondo marino global.
Esto significa que, pese al crecimiento registrado, las algas todavía no han ocupado completamente los espacios que podrían ser utilizados nuevamente por los corales.
Para los investigadores, este dato constituye otra señal de que los ecosistemas aún conservan margen de recuperación si se reducen las presiones que están provocando su deterioro.
Mucho más que un paisaje submarino
La importancia de los arrecifes de coral va mucho más allá de su belleza o de su valor para el turismo. Son auténticas infraestructuras naturales que cumplen funciones fundamentales para los océanos y para millones de personas.
Aunque ocupan menos de 0.2% del fondo marino, los arrecifes albergan más de 25% de las especies marinas.
También funcionan como una barrera frente al oleaje. De acuerdo con el informe, pueden reducir hasta 97% la energía de las olas, protegiendo comunidades y territorios costeros frente a tormentas y otros fenómenos marinos.
Se estima que esta función protege cada año a aproximadamente 5.3 millones de personas y bienes costeros cuyo valor alcanza los 109 mil millones de dólares.
A esto se suma su importancia económica. Los beneficios ambientales que generan los arrecifes han sido valorados en alrededor de 9.9 billones de dólares anuales, mientras que el turismo asociado a estos ecosistemas representa unos 36 mil millones de dólares.
La dependencia humana también está aumentando. Actualmente, unos 104 millones de personas viven a menos de cinco kilómetros de un arrecife, cifra que representa un incremento de 46% en apenas dos décadas.
En total, cerca de mil millones de personas dependen de los recursos que proporcionan estos ecosistemas.
La pérdida de coral también puede convertirse en una crisis humana
La degradación de los arrecifes no es únicamente un problema ambiental. En algunas regiones ya tiene consecuencias directas sobre las comunidades que viven junto al mar.
González Rivero advirtió que la pérdida de la protección natural proporcionada por los corales está dejando a determinadas poblaciones más expuestas a la erosión y al impacto de las olas.
En algunas comunidades del Pacífico, explicó el investigador a EFE, la degradación de los arrecifes ha contribuido a condiciones tan adversas que sus habitantes han tenido que migrar de las islas donde vivían.
Cuando desaparece un arrecife, no solo se pierde biodiversidad. También se debilita una barrera que durante siglos ha protegido las costas y se afectan actividades económicas como la pesca y el turismo.
Por ello, la salud de los corales está estrechamente relacionada con la seguridad alimentaria, la economía y la permanencia de comunidades enteras en determinados territorios costeros.
El cambio climático no puede combatirse solo desde la costa
El informe de la GCRMN plantea que la recuperación de los arrecifes requiere actuar en dos frentes al mismo tiempo.
Por un lado, es indispensable reducir el calentamiento global y mantener los compromisos internacionales destinados a limitar el aumento de la temperatura del planeta a 1.5 grados Celsius, en línea con el Acuerdo de París.
Pero también es necesario atender los problemas que afectan a los arrecifes directamente desde las costas.
La sobrepesca, la contaminación del agua y el desarrollo excesivo del litoral pueden debilitar a los corales y hacer que tengan menos posibilidades de recuperarse después de un episodio de blanqueamiento.
Una buena calidad del agua, una pesca gestionada de manera sostenible y una protección adecuada de las zonas costeras pueden aumentar la resiliencia del ecosistema.
Esto resulta especialmente importante porque incluso si se logra reducir el calentamiento global, los arrecifes seguirán enfrentando presiones locales que pueden determinar su capacidad de recuperación.
Una ventana de oportunidad que todavía permanece abierta
El mensaje central del informe no es que los arrecifes estén fuera de peligro. Todo lo contrario: las cifras muestran que el deterioro es real y que se ha acelerado en las últimas décadas.
Pero tampoco se trata de un ecosistema condenado inevitablemente a desaparecer.
La recuperación observada después de algunos periodos de menor estrés térmico demuestra que los corales todavía tienen capacidad de regenerarse. El problema es que las ventanas de recuperación pueden hacerse cada vez más cortas si las temperaturas oceánicas continúan aumentando y los episodios de calor extremo se vuelven más frecuentes.
Por ello, la conservación local y la lucha contra el cambio climático deben avanzar juntas. Proteger un arrecife de la contaminación o de la sobrepesca no detendrá por sí mismo el calentamiento del océano, pero puede darle mejores condiciones para resistirlo.
Los investigadores coinciden en que todavía existe una oportunidad, aunque no es ilimitada. El futuro de los arrecifes dependerá en buena medida de que la humanidad consiga darles tiempo para recuperarse.
La evidencia científica deja así un mensaje doble: los arrecifes están perdiendo terreno y enfrentan una amenaza sin precedentes, pero todavía no han perdido su capacidad de volver a crecer. La diferencia entre una recuperación posible y una pérdida permanente podría depender de las decisiones que se tomen durante los próximos años.
Deja un comentario