Política

Derechos de las audiencias: lo que cambiará en tu tele y tu radio

Ariadna Montiel tachó de "hipócrita" a la oposición y defendió los nuevos lineamientos de derechos de las audiencias: dice que no son censura. El debate apenas se pone bueno.

Por admin 6 min de lectura
La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, salió este 4 de agosto a defender los nuevos Lineamientos Generales de Protección de los Derechos de las Audiencias y soltó la palabra que ya levantó roncha: en este debate, afirmó, la oposición actúa con hipocresía. Mediante el comunicado 086/2026, la dirigente sostuvo que la libertad de expresión y los derechos de las audiencias no se pelean, sino que se complementan, porque ambos fortalecen la democracia. “El pueblo tiene derecho a la verdad, a información veraz; se trata de protección de derechos, no de censura”, subrayó, en un momento en que la propuesta despertó suspicacias entre partidos, medios y analistas. El escenario no es menor: se discute quién vigila a los medios que todos los días entran a millones de casas mexicanas.
Para que quede claro de qué hablamos: los lineamientos en cuestión están abiertos a consulta pública desde el 27 de julio y hasta el 21 de agosto, a través del portal de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, el órgano que heredó las funciones del extinto IFT tras la reforma en materia de telecomunicaciones. Cualquier ciudadano, medio, concesionario o académico puede enviar comentarios, opiniones y aportaciones sobre los mecanismos para que televidentes y radioescuchas ejerzan sus derechos frente a los medios. O sea que no es un decreto firmado en lo oscurito: es un anteproyecto en la mesa, y la ventana para opinar cierra en 26 días contados desde su apertura.
Montiel detalló lo que, según la dirigencia morenista, contiene la propuesta: fortalece el derecho de réplica y las defensorías de las audiencias, mantiene la libertad de las líneas editoriales, transparenta la publicidad oficial y combate la desinformación. “En los lineamientos a discusión prevalece la libertad de expresión, no se censura a los medios, se trata de una autorregulación”, aseguró. La idea, explicó, es que el pueblo sea un protagonista activo que cuestione, conozca, participe y decida. Suena bonito en el papel; la pregunta que se hacen los escépticos es si la autorregulación alcanza cuando el que se autorregula es el que tiene el micrófono más grande.
La dirigente no se quedó en la defensa: pasó al contragolpe con la memoria bien cargada. Recordó los dichos del líder nacional del PRI, Alejandro Moreno, quien en su momento afirmó que “a los periodistas hay que matarlos de hambre” y presumía tener ciertas plumas periodísticas para golpear; también citó al publicista Carlos Alazraki, quien declaró que “la campaña presidencial se gana con mentiras contra Morena”. Y remató con un expediente que sigue caliente: los montajes mediáticos impulsados desde el régimen en la época de Genaro García Luna, el exsecretario de Seguridad Pública sentenciado en Estados Unidos. Para Montiel, esa es la vara con la que se debe medir a quienes hoy gritan censura.
¿Y por qué “hipócrita”? La dirigente de Morena echó mano del hemerógrafo: recordó que en 2017 el Partido Acción Nacional presentó una contrarreforma para quitar al IFT la facultad de emitir lineamientos sobre derechos de las audiencias, eliminó obligaciones específicas para concesionarios y medios, y redujo la protección contra la publicidad disfrazada de información.
Traducción barrial: cuando gobernaban, le quitaron dientes al perro guardian; ahora que alguien propone ponérselos de nuevo, acusan mordedura. “La democracia no se puede plantear a partir de la mentira, ni tampoco se puede gobernar con falsas narrativas, como lo hicieron el PRI y el PAN durante muchos años”, sentenció.
El comunicado llega, además, en medio de una pugna que ya venía calentita. Apenas en las últimas semanas, Morena presentó quejas ante el INE contra Alejandro Moreno por sus acusaciones de presuntos nexos del partido con el crimen organizado, y el priista respondió invocando su fuero de senador bajo el artículo 61 constitucional. Montiel calificó ese argumento de “mañoso”; Moreno le devolvió la cortesía llamando a la dirigencia guinda “cínica, corrupta y mafiosa”.
En ese ring es donde ahora cae el debate sobre los lineamientos: no es una discusión técnica en un salón de actas, es un round más de la guerra de desgaste entre oficialismo y oposición, con la libertad de prensa como trofeo.
Aquí conviene poner los pies sobre la mesa y la cabeza fría. Los derechos de las audiencias no son invento nuevo: la Constitución, en su artículo 6°, garantiza el derecho de las audiencias a recibir información veraz y oportuna, y los mecanismos de defensoría llevan años en la legislación mexicana. Lo que se discute ahora es el rediseño: quién vigila, con qué facultades y bajo qué candados contra el abuso. La historia da razones para la desconfianza en ambos sentidos: ha habido gobiernos que usaron la publicidad oficial como correa de transmisión para los medios, y también ha habido medios que confundieron la libertad editorial con la licencia para inventar. Regular eso sin pasarse de la raya es como afinar una guitarra en pleno concierto: un cuarto de vuelta de más y truena la cuerda.
Para ti que ves la tele mientras cenas o escuchas la radio en el tráfico, esto tiene traducción directa. Si los lineamientos se aprueban tal como se proponen, tendrías derecho de réplica reforzado cuando un medio diga algo falso sobre ti, defensorías de audiencias con más músculo para atender quejas, y mayor claridad sobre qué es publicidad pagada y qué es información. El precio potencial, advierten los críticos, es que un regulador con ganas podría usar esas facultades para enfriar la crítica. Por eso la consulta pública importa: los comentarios se publican íntegros y el órgano regulador debe ponderarlos antes de que su pleno tome una determinación. Si te preocupa el tema, ahí está la puerta abierta hasta el 21 de agosto.
Lo que viene es un agosto de audífonos encendidos: la consulta cerrará, se publicarán los resultados y el pleno de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones decidirá el texto final. Mientras tanto, la palabra “hipócrita” ya hizo su trabajo y el debate se instaló en los medios que, irónicamente, serán los regulados. La historia de México está llena de leyes de comunicación que nacieron prometiendo equilibrio y acabaron siendo palanca, o viceversa. Así que la próxima vez que escuches a un político defender —o atacar— estos lineamientos, hazle la pregunta que le harías a cualquier vecino que toca tu antena sin permiso: ¿de verdad estás cuidando mi derecho a estar informado, o nomás quieres agarrar el control remoto?
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Redacción de Acción Informativa.

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