¿Por qué un aroma puede transportarte a la infancia? La ciencia descubre el secreto de la memoria olfativa
El olor del pan recién horneado, el perfume de una flor, la brisa del mar o el aroma de la comida preparada por un ser querido pueden hacer que, de repente, una persona viaje mentalmente a un momento de su infancia. Este fenómeno, conocido popularmente como “la magdalena de Proust”, ha intrigado durante décadas a científicos y escritores, y ahora una nueva investigación aporta una explicación sobre lo que ocurre en el cerebro.
Un equipo de investigadores del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) descubrió que los olores percibidos durante los primeros años de vida dejan una huella profunda y duradera en el cerebro. El estudio, publicado en la revista PLOS Biology, revela que estos aromas pueden reactivar recuerdos autobiográficos y emociones muchos años después gracias a un grupo específico de neuronas que se forman al inicio de la vida.
¿Por qué los olores despiertan recuerdos tan intensos?
Desde hace tiempo, la neurociencia había demostrado que los recuerdos provocados por los olores suelen remontarse con mayor frecuencia a la primera década de vida y están cargados de una intensidad emocional superior a la que generan otros estímulos, como imágenes o sonidos.
Los investigadores explican que esto ocurre porque el sistema olfativo mantiene una conexión muy estrecha con las regiones cerebrales encargadas de la memoria y las emociones.
Sin embargo, hasta ahora no se conocía con precisión qué mecanismos permitían que esas experiencias permanecieran almacenadas durante tanto tiempo.
Las neuronas que guardan los recuerdos de la infancia
El estudio identificó como protagonistas a las células granulares, un tipo de neuronas ubicadas en el bulbo olfativo, la primera región del cerebro que procesa la información proveniente del sentido del olfato.
Lo que hace especiales a estas células es que se generan principalmente durante los primeros días de vida, justo cuando comienzan a formarse las primeras experiencias sensoriales del ser humano.
Según los investigadores, estas neuronas actúan como una especie de archivo biológico que registra las experiencias olfativas tempranas y permite recuperarlas muchos años después.
Un experimento con personas y ratones
Para comprobar esta teoría, los científicos combinaron estudios en humanos y modelos animales.
Primero realizaron una encuesta en línea con 647 voluntarios, quienes describieron los olores que les recordaban su infancia.
Los resultados mostraron que, en la mayoría de los casos, esos recuerdos estaban asociados con aromas agradables y con experiencias que se habían repetido numerosas veces, generalmente más de cinco ocasiones, en lugar de haber ocurrido una sola vez.
Con esa información diseñaron un experimento en ratones.
Durante una etapa equivalente a la infancia humana, los animales fueron expuestos repetidamente a determinados olores en un entorno positivo y enriquecido.
Al llegar a la edad adulta, los ratones mostraban una clara preferencia por esos aromas.
Cuando los investigadores bloquearon mediante una técnica llamada optogenética las células granulares que se habían formado al inicio de la vida, esa preferencia desapareció por completo, demostrando el papel esencial de estas neuronas en la memoria olfativa.
Los recuerdos cambian con el paso del tiempo
El estudio también reveló que la forma en que el cerebro almacena estos recuerdos evoluciona con la edad.
En adultos jóvenes, la recuperación de un olor de la infancia depende principalmente de las células granulares del bulbo olfativo.
Sin embargo, conforme pasan los años, las conexiones cerebrales se reorganizan y la memoria comienza a depender cada vez más del sistema límbico, el conjunto de estructuras encargado de procesar las emociones.
Esta reorganización explicaría por qué muchos recuerdos asociados a un olor conservan una enorme carga afectiva aunque algunos detalles del momento original se vuelvan difusos con el tiempo.
Volver a percibir el aroma ayuda a conservar el recuerdo
Otro de los hallazgos más importantes es que estos recuerdos necesitan reforzarse con el paso de los años.
El estudio encontró que el 82 % de los participantes había vuelto a percibir periódicamente el olor que les recordaba su infancia.
En los experimentos con ratones ocurrió algo similar. Aquellos que dejaron de estar expuestos al aroma perdieron gradualmente la asociación emocional, mientras que los animales que siguieron encontrándolo de forma ocasional conservaron esa memoria durante mucho más tiempo.
No obstante, la investigación mostró que, en la edad adulta, el recuerdo ya no depende exclusivamente de las neuronas formadas al inicio de la vida, sino de una red cerebral más amplia que integra el sistema olfativo con las regiones encargadas de las emociones.
Un hallazgo con nuevas preguntas
Los científicos consideran que estos resultados ayudan a comprender mejor por qué ciertos olores tienen la capacidad de despertar recuerdos tan vívidos y emociones tan intensas incluso décadas después.
Al mismo tiempo, el estudio abre nuevas líneas de investigación para conocer si el mismo mecanismo también participa en recuerdos negativos asociados a determinados aromas y cómo se produce el traslado de esas memorias desde el bulbo olfativo hacia otras regiones del cerebro.
Comprender este proceso podría ofrecer nuevas herramientas para estudiar la memoria humana, el envejecimiento cerebral e incluso algunas enfermedades neurodegenerativas, en las que el sentido del olfato suele alterarse desde las primeras etapas.
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