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Emprender por necesidad: el dato que desmonta el “sé tu propio jefe”

Casi seis de cada diez jóvenes ocupados trabajan en la informalidad y 46.3% emprende por necesidad: el cuento motivacional, a examen.

Por admin 4 min de lectura
En las redes venden cursos para “renunciar a tu empleo y vivir de tu negocio”; en la calle, la realidad cobra otro precio. El emprendimiento juvenil en México funciona más como estrategia de supervivencia que como camino al éxito, y los números no están para frases de taza motivacional: según el Inegi, el 58.8% de las juventudes ocupadas trabaja en la informalidad, sin seguridad social, prestaciones ni estabilidad, mientras la tasa de desempleo joven llega a 4.8%, casi el doble de la media nacional de 2.5%.
El dato que le pone el dedo en la llaga al discurso del “sé tu propio jefe” sale del estudio “Trayectorias juveniles en México: oportunidades y barreras en la construcción de la autonomía económica”, elaborado por Plan International con financiamiento de Scotiabank: el 46.3% de las personas jóvenes emprende por necesidad económica y no porque detectó una oportunidad de negocio. Traducido al español de a pie: casi la mitad no abrió un negocio para hacerse rica, sino para pagar la renta, el transporte y la comida.
La investigación, que forma parte del proyecto Emprende Joven México, describe además que estos emprendimientos se desarrollan principalmente en economías de subsistencia, en contextos de precariedad laboral y falta de educación financiera. Cuatro de cada diez jóvenes deben combinar estudios con trabajo y emprendimiento al mismo tiempo: la chamba triple que ningún gurú de TikTok menciona en sus videos con auto de fondo.
El panorama demográfico pesa: en México viven 30.4 millones de personas de 15 a 29 años, el 23.3% de la población, y apenas el 52.3% participa en la economía. La mayoría se concentra en educación media superior (39%) y básica (39.8%), lo que limita el acceso a empleos formales bien pagados y empuja a las juventudes —sobre todo a las mujeres, muchas atrapadas en cuidados no remunerados— hacia el autoempleo como única puerta abierta.
Y ojo, emprender sí mejora las cosas, pero con letra chica: más del 80% de los jóvenes que emprenden reporta mejores ingresos que antes, aunque solo una parte logra transformar de verdad su situación financiera. Muchos sobreviven mejor —que no es poca cosa— sin escapar de la precariedad: si se enferman un día, no hay ingreso; si llueve, no hay venta; si sube la mercancía, la ganancia se esfuma.
El fenómeno no es exclusivamente mexicano. El Global Entrepreneurship Monitor distingue dos tipos de emprendimiento: por oportunidad, que nace de un nicho rentable detectado, y por necesidad, que surge ante la falta de empleo. En América Latina, el 58% de los emprendimientos son del segundo tipo, y en países como Bolivia, Honduras y Perú la proporción rebasa el 70%. La OIT remata con que la informalidad afecta a seis de cada diez jóvenes ocupados de la región, y que quien trabaja informal gana menos de la mitad de lo que percibe un asalariado formal.
La diferencia entre emprender por oportunidad y por necesidad no es semántica, es estructural: el primero arranca con capital, red de contactos, educación financiera y colchón para fracasar; el segundo arranca con deudas, sin crédito bancario —la banca tradicional presta poco y caro a quien no tiene historial— y sin red de protección. Uno puede permitirse pivotar; al otro, un mes malo le quita la mesa.
¿Significa eso que emprender es mal negocio? Para nada. Los mismos estudios reconocen que el empuje juvenil es un motor real de ingresos y de comunidad. Lo que señalan es que el discurso motivacional convierte un síntoma —la falta de empleo formal— en supuesta virtud individual, y traslada al muchacho la responsabilidad de un problema que es del mercado laboral y de la política pública. Celebrar al taquero de 19 años es fácil; darle acceso a crédito, seguridad social y capacitación es lo que cuesta trabajo.
Las recomendaciones de los especialistas van por ahí: esquemas de formalización simplificada para microempresas juveniles, microcréditos con tasas razonables, educación financiera desde la escuela y programas de primer empleo que no terminen en becas sin futuro. Mientras eso llega, el “sé tu propio jefe” seguirá sonando bonito en el audio de WhatsApp, pero la estadística cuenta otra historia: millones de jóvenes no eligieron ser patrones; el sistema los dejó sin otra opción que serlo.
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Redacción de Acción Informativa.

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