Donde tú te informas, ¿alcanza el reglamento de audiencias?
El reglamento de audiencias cubre radio y TV. Dos encuestas discrepan sobre si ahí sigue informándose la mayoría del país.
El anteproyecto de lineamientos de derechos de las audiencias, en consulta pública hasta el 21 de agosto, aplica exclusivamente a concesionarios de radio y televisión. Prensa escrita, portales digitales y redes sociales quedan fuera. La pregunta que ordena el debate, entonces, es sencilla: ¿ahí es donde se informan los mexicanos? La respuesta depende de a quién se le pregunte, y las dos mediciones disponibles describen prácticamente dos países distintos.
La Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales, levantada por el entonces Instituto Federal de Telecomunicaciones y publicada en diciembre de 2024, dice que el 72 por ciento de las personas ve o escucha noticias, y que entre ellas el 61 por ciento lo hace por canales de televisión abierta, el 35 por ciento por redes sociales y el 15 por ciento por estaciones de radio. Bajo esa lupa, el reglamento apunta justo al centro del blanco.
El Digital News Report 2025, del Instituto Reuters y la Universidad de Oxford, dice lo contrario. Según ese estudio, el 63 por ciento de los mexicanos ya consume noticias en plataformas sociales, frente al 39 por ciento que lo hace por televisión. Facebook encabeza con 52 por ciento, seguida de YouTube con 35, WhatsApp con 28 y TikTok con 24. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, el 44 por ciento declara que las redes y el video son su fuente principal. Bajo esta lupa, el reglamento regula al segundo lugar.
¿Quién tiene razón? Los dos, y por eso importa entender cómo se hizo cada uno. El estudio de Reuters se basa en una encuesta en línea aplicada a casi 100 mil personas en 48 mercados. Preguntarle por internet a quien ya está en internet inclina el resultado hacia el consumo digital: quien no tiene conexión, simplemente no entra en la muestra. La encuesta del regulador mexicano, en cambio, se levanta en vivienda y alcanza hogares sin conexión, que en este país siguen siendo millones.
Dicho en corto: una encuesta retrata al México conectado y la otra al México completo. No se contradicen tanto como parece. Es la diferencia entre contar cuántos van al estadio y contar cuántos ven el partido, incluyendo a quien lo sigue por el radio del taller. Los dos números son ciertos y describen realidades que conviven.
Lo que sí se puede afirmar con cualquiera de las dos es esto: hay un pedazo grande del consumo informativo que el reglamento no alcanza. En la versión más favorable a la televisión, ese pedazo es el 35 por ciento que se informa por redes. En la versión de Reuters, el 63. En ambos casos, el instrumento que el gobierno presenta como herramienta contra la desinformación deja fuera el terreno donde la desinformación circula con menos frenos.
Conviene, eso sí, no pasarse de frenada. La televisión abierta no es un medio en retirada. La encuesta del regulador registra que el 74 por ciento de las personas sintoniza canales abiertos, que la mitad de esa audiencia prefiere los noticiarios y que el consumo promedio es de 2.3 horas diarias, contra 3 horas de contenidos por internet. La Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión ha subrayado esas cifras para sostener que la televisión sigue siendo el medio predilecto para informarse, casi el doble que las redes sociales y el cuádruple que la radio.
Hay un tercer dato que reencuadra la discusión entera y que casi nadie ha citado en estas semanas: la confianza general en los medios en México cayó del 49 por ciento en 2017 al 36 por ciento en 2025, según el mismo reporte de Reuters, lo que ubica al país en el lugar 27 de los 48 evaluados. Es decir, dos de cada tres mexicanos ya no confían en la información que consumen, sin importar por dónde les llegue. Ese es el problema de fondo, y no aparece resuelto ni en el anteproyecto ni en los argumentos de quienes lo combaten.
Falta un hueco de medición que conviene señalar. Ni la encuesta oficial ni el reporte internacional desagregan a los portales de noticias digitales como categoría propia: se diluyen dentro de “internet” o “redes sociales”. Así que el país no sabe con precisión cuánta gente se informa en medios nativos digitales, un universo que crece y que también queda fuera del reglamento. Se está decidiendo el alcance de una regulación sin el mapa completo de a quién se informa dónde.
Para el lector, lo práctico es esto: si usted se informa por televisión abierta o por radio, el reglamento sí le da herramientas —defensor de audiencias, siete días para presentar una queja, veinte días hábiles de respuesta obligatoria—. Si se informa en Facebook, YouTube, TikTok o WhatsApp, no le da ninguna. La consulta pública cierra el 21 de agosto en el portal de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones y admite propuestas de cualquier persona, incluida la de ampliar o precisar el alcance.
Y para la sobremesa, la pregunta que se contesta sola en cada mesa: pregúntele a la persona que tiene enfrente por dónde se enteró de la última noticia importante que le llegó. Si dijo un grupo de WhatsApp o un video, acaba de comprobar de qué lado está el 63 por ciento, y por qué el reglamento no llega hasta allá.
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