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El verdadero blindaje del periodismo es impedir que el dinero compre silencio

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Toda propuesta de apoyo público al periodismo despierta una sospecha legítima: que el dinero termine comprando complacencia. La preocupación no es exagerada cuando la publicidad oficial ha operado como premio, castigo o presión indirecta.

Por eso los apoyos deben prohibir expresamente cualquier condición de línea editorial, cobertura favorable o silencio frente a una autoridad. El Estado no puede revisar, aprobar o modificar contenidos antes de su publicación.

La diferencia entre publicidad oficial y fomento debe ser nítida. Los recursos se deben asignar con criterios técnicos, territoriales y de diversidad; quienes tengan conflictos de interés deben quedar fuera de las decisiones. La transparencia sobre propiedad, financiamiento y posibles intereses es un requisito para la confianza de las audiencias.

Los fondos tampoco pueden sustituir salarios ni obligaciones patronales. La prueba de una reforma será sencilla: permitir que un medio publique críticas sin temor a perder el apoyo. Sólo así el dinero público estará del lado de la libertad de expresión.

Bruno Cortés

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